15 de agosto de 2010

Un grado normal de intensidad

Quiero abrir un ojo cada mañana del resto de mi vida y verte a mi lado. Y poder decirte aquella frase de que "tengo una hambre feroz ¿puedo empezar el desayuno contigo?" Y saciar así mis papilas gustativas. Quiero sentir tu corazón: notar como comienzas a respirar de forma acelerada y desordenada. El amor es respirar rápido, acelerada y desordenadamente. Quiero que me abraces, fuerte, muy fuerte. No necesito ni brillantes regalos, ni grandes anillos, ni bonitas palabras. Aceptar cosas seria admitir que un día te puedo olvidar, seria como querer conservar algo para recordarte de aquí unos años. Quiero que hagas de mi lo que te apetezca, todo. Yo nunca tengo dolor de cabeza. Quiero verte la cara en este momento que dejas de ser completamente tú. Que la palabra intensidad se quede sin fuerza a nuestro lado. Quiero tener memoria de pez y que me beses cada 3 segundos para saborear tus besos. Quiero ver perfectas tus imperfecciones. Que me mires a los ojos y pueda seducirte conservando la parte más humana y perversa. Quiero conocer tus debilidades y juntarlas con las mías para que se hagan fuertes. Quiero que comamos y bebemos del mismo plato y del mismo vaso y quedarnos satisfechos al mismo momento. Quiero que me llames por mi nombre, la palabra "cariño" la encuentro cursi, y peor aún "mi amor". Quiero que hagas el papel de racional, aunque sea solo un rato, para ver que me complementas. Quiero sentir tu voz en formado secreto, dulce, ronca, susurro, y gemido. Quiero ver que la palabra infidelidad pierde significado porque si quieres a alguien, lo admiras, y ahí la infidelidad es imposible. Quiero que te olvides de felicitarme el día de mi cumpleaños y hacerme la indignada por esa tontería para que me persigas un rato, sabiendo que no me importa tu despiste. Quiero fantasear con estar dormida en el sofá, y que tú me acaricies el pelo, o viceversa, aunque se que tu no te harás el dormido. Quiero tener millones de fotos contigo. Solo quiero abrir un ojo cada mañana del resto de mi vida y verte a mi lado.

3 de agosto de 2010

ME GUSTAN MÁS LOS ATARDECERES QUE LOS AMANECERES

Verano. No hace falta decir mucho más. De acuerdo, durante todo el año disfruto, pero en verano más, sin duda. Es cuando me paro a observar las estrellas, me acuerdo que existen y que me gusta contemplarlas. Otro placer que intento viciarme durante estos días es el de ver los atardeceres: los amaneceres están bien, pero yo prefiero los atardeceres. Saber que empieza la noche me produce alegría, magia. Y si es posible al lado de un faro. Me baño en calas, pequeñas, y no paro de nadar. Que placer el de sentir como el agua acaricia todo mi cuerpo. No soporto que me hagan masajes; prefiero hacerlos yo, cosa rara, sí, pero es así. En cambio deseo que me toque hasta el infinito el mar. Nunca tengo suficiente, siempre quiero más. Y si está frió, mejor. Para caliente ya estoy yo. Bañarme de noche, aún que sea en la piscina, me encanta. No puedo transmitir lo que siento, es demasiado. Navegar a vela, notar el viento y sentir la pura libertad sólo me lo permito en verano. ¿Como no voy a estar deseando durante todo el año, cada minuto, cada segundo, cada instante, con la bufanda y los guantes puestos, a que llegue este momento? Para mí ahora todo tiene más sabor, los gin-tonics son mejores, los besos son más profundos, más auténticos. Siento más. En definitiva, vivo (mucho) más.