En taxi
No acostumbro a moverme mucho en taxi pero lo suficiente para haberme percatado de algunas cosas. Siempre me siento (muy) observada por el taxista. Cada vez que miro el retrovisor interior del coche veo su mirada fijada en mi: me preocupa porque o tiene un piloto automático o vamos a chocar en breves momentos. Cuando ven que yo los he visto observándome giran rápidamente la cabeza, y para disimular, supongo, hacen un giro casi de 180º mirando al otro lado, a su izquierda. La conclusión es que no miran hacia delante casi nunca, que es, según tengo entendido, donde tendrían que estar mirando la mayor parte del tiempo. Otra de las cosas que me he fijado son las temáticas absurdas que usan para crear una conversación. Están estancados en 3 temas: el tiempo, la mala circulación de la ciudad o los corruptos. Ésta ultima opción sucede si tienen la radio(olé) puesta y dan las noticias. Ya lo sabemos que llueve y hace frío, que el tráfico es caótico y que todos creemos que Félix Millet y Jordi Montull tendrían que pudrirse en la cárcel. Son temas demasiado recurrentes. Yo, que quieres que te diga, prefiero hablar de las repletas imágenes misteriosas que aparecen en las obras de Paul Klee ¿Repelente? Pues a mi me seducen más estos temas. También me fascina la búsqueda interminable de los taxistas, y de los conductores en general, hacia las fosas nasales: buscan, mueven la herramienta (el dedo), encuentran y... luego ya no quiero mirar, no quiero saber que hacen con lo hallado. Yo para evitar esas situaciones, incómodas, y empezar a fantasear que el taxista quiere ligar conmigo, aprovecho mi apariencia de guiri y entro saludando en inglés, digo la dirección y antes de ver como me analiza por el espejo, cojo el móvil clavando la mirada fijamente a la pantalla durante todo el trayecto. Al llegar al destino, intentando no tocarle las manos ya que imagino que están llenas de cosas pegajosas, le doy la cantidad exacta y un kleenex. Seguro que me toma por extranjera rara apasionada por un tal Klee: el inventor de los hoy en día tan usados Kleenex.
No acostumbro a moverme mucho en taxi pero lo suficiente para haberme percatado de algunas cosas. Siempre me siento (muy) observada por el taxista. Cada vez que miro el retrovisor interior del coche veo su mirada fijada en mi: me preocupa porque o tiene un piloto automático o vamos a chocar en breves momentos. Cuando ven que yo los he visto observándome giran rápidamente la cabeza, y para disimular, supongo, hacen un giro casi de 180º mirando al otro lado, a su izquierda. La conclusión es que no miran hacia delante casi nunca, que es, según tengo entendido, donde tendrían que estar mirando la mayor parte del tiempo. Otra de las cosas que me he fijado son las temáticas absurdas que usan para crear una conversación. Están estancados en 3 temas: el tiempo, la mala circulación de la ciudad o los corruptos. Ésta ultima opción sucede si tienen la radio(olé) puesta y dan las noticias. Ya lo sabemos que llueve y hace frío, que el tráfico es caótico y que todos creemos que Félix Millet y Jordi Montull tendrían que pudrirse en la cárcel. Son temas demasiado recurrentes. Yo, que quieres que te diga, prefiero hablar de las repletas imágenes misteriosas que aparecen en las obras de Paul Klee ¿Repelente? Pues a mi me seducen más estos temas. También me fascina la búsqueda interminable de los taxistas, y de los conductores en general, hacia las fosas nasales: buscan, mueven la herramienta (el dedo), encuentran y... luego ya no quiero mirar, no quiero saber que hacen con lo hallado. Yo para evitar esas situaciones, incómodas, y empezar a fantasear que el taxista quiere ligar conmigo, aprovecho mi apariencia de guiri y entro saludando en inglés, digo la dirección y antes de ver como me analiza por el espejo, cojo el móvil clavando la mirada fijamente a la pantalla durante todo el trayecto. Al llegar al destino, intentando no tocarle las manos ya que imagino que están llenas de cosas pegajosas, le doy la cantidad exacta y un kleenex. Seguro que me toma por extranjera rara apasionada por un tal Klee: el inventor de los hoy en día tan usados Kleenex.
No hay comentarios:
Publicar un comentario